No Culpes al Mundial
Miguel Palou – Economista – Septiembre 2026
En julio de 2026 el ISAC cayó 4,6%. En junio había caído 4,3%. Entre los dos meses, la construcción quedó 8,6% por debajo de mayo en términos desestacionalizados. Entre las explicaciones que circularon hubo una que parece sacada del manual Suena lógico pero el análisis te lo debo. Es la del economista Federico Domínguez, que invocó a El Niño y al Mundial de fútbol como factores detrás de la caída de la construcción y la industria. Es una hipótesis verificable, así que la verifiqué.
Primero, la cuenta
¿Puede el mundial de Futbol explicar el desplome de la construcción en julio? Veamos: Julio de 2026 tuvo 23 días hábiles. Descontado el feriado del 9, quedan 22 jornadas: 176 horas laborables. Vamos a usar este cálculo más adelante.
Lo que hice fue simple. Fui a buscar los 43 partidos que jugó Argentina en los últimos ocho mundiales y conté las ventanas de exposición con criterio generoso hacia la hipótesis futbolística, es decir, no sólo el partido, sino dos horas antes y dos horas después del final, y sólo lo que cae en días hábiles y en horario de trabajo. En julio de 2026 suman 8 horas y 51 minutos. Explico: en julio, bajo este criterio, Argentina jugó durante 8:51 en “momentos laborables”, llámese lunes a viernes de 8 am a 17 hs. Es el 5,0% del tiempo laborable del mes.
Para que el Mundial explique una caída de 4,6% habría que aceptar tres cosas al mismo tiempo:
- Que la construcción argentina se detuvo por completo durante cada una de esas ventanas;
- Que nada de ese trabajo se recuperó en las horas o los días siguientes;
- Que las horas perdidas se tradujeron una a una en menos materiales comprados
O sea, más allá de los millones de supuestos y variables por controlar, de entrada el argumento no cierra. Y presten atención a este detalle, porque es el que la explicación mundialista pasa por alto. El ISAC no mide horas trabajadas. Sigue el consumo aparente de materiales de construcción. Y las compras de una obra —esto lo sabe el lector de esta revista mejor que nadie— no se hacen en la obra ni en el momento en que se coloca el material. Un corralón no vende menos cemento porque los muchachos pararon a ver el partido del martes.
Pensemos en un docente que tiene cientos de exámenes atrasados y dedica la tarde al partido. No es que deja de corregirlos, los va a corregir igual, quizás esa misma noche en su casa. La actividad no se frena, se posterga, y lo normal es que se intensifique en algún momento del corto plazo. Interrumpir una jornada no equivale a perder actividad durante todo el mes, y mucho menos a perder compras.
Nada de esto significa que el efecto sea cero, ojo, significa que hay que medirlo, y que el ISAC es un instrumento poco sensible para detectarlo.
Los mundiales anteriores no repiten el mismo partido
En el intento de medición, miré la serie desestacionalizada — la que intenta quitar las variaciones habituales de cada época del año— alrededor de los cuatro últimos mundiales. Cada panel iguala a 100 el mes previo al Mundial, así las trayectorias se ven en una escala común. El área oscura marca los meses del torneo, no una caída atribuida al fútbol.
- 2014: bajó 1,8% entre mayo y julio. Agosto volvió a caer levemente; el repunte llegó recién en septiembre.
- 2018: junio, el único mes en que jugó Argentina, subió 0,4%. La caída fuerte fue en julio (−3,6%), con la Selección ya eliminada, y venía precedida por un mayo negativo.
- 2022: entre octubre y diciembre cayó 3,0%. Enero recuperó 1,7%, aunque siguió por debajo del nivel previo al torneo.
- 2026: junio −4,3%, julio −4,6%. La base disponible termina en julio: falta ver agosto.
Lo evidente es que no se aprecia la secuencia que la hipótesis necesita, es decir una secuencia homogénea en cada panel que muestre caída durante el mundial y recuperación después. En 2018 el mes de los partidos subió y el mes sin partidos se derrumbó. El rebote de 2022 tampoco prueba que se haya recuperado trabajo postergado —pudo ser cualquier otra cosa, y encima ese Mundial se jugó en noviembre y diciembre, con una dinámica de obra completamente distinta—. Y una compensación dentro del mismo mes, que es la más probable si la hubo, sería directamente invisible en datos mensuales.
Parece mucho
Vamos a lo concreto: ¿cómo le fue al ISAC respecto del mes previo según cuántos minutos jugó la Selección en ese mes?
Sin ponerme técnico, el ejercicio es este. Si aprendo la relación mirando sólo los mundiales anteriores y después la aplico a las 8 horas y 51 minutos de julio de 2026, la parte de la caída que le correspondería al fútbol es de 0,7%. Si sumo 2026 al cálculo, pasa a 2,4%. Si agrando la serie a ocho mundiales, vuelve a 0,6%.
En el gráfico, la línea punteada roja es lo que hay que explicar: 4,6%. Los tres círculos son lo que el fútbol podría aportar. Ninguno se le acerca. El más grande —el que incluye 2026, o sea el que usa el dato de julio para estimar el efecto de julio— llega a la mitad. Los otros dos no alcanzan el 15% de la caída. Y hay un detalle más fino. Esas líneas horizontales marcan el rango de valores compatibles con los datos. En dos de las tres versiones, el rango entero se queda corto del 4,6%: ni siquiera el escenario más futbolero que los números admiten alcanza para explicar lo que pasó. La única que llega al borde es, otra vez, la contaminada por 2026.
Ahora, otra cuestión técnica que también hay que decirla. Los tres rangos cruzan el cero, que es la forma técnica de decir que los datos son igual de compatibles con que el efecto sea, directamente, ninguno. Y el número se mueve bastante según qué mundiales meta en la bolsa. O sea: no puedo decir cuánto le corresponde al fútbol. Lo que sí puedo decir es que no le corresponde el 4,6%.
¿Si sumamos El Niño alcanza? Bueno, de nuevo, habría que hacer el ejercicio entendiendo miles de supuestos que se agregan en estos casos, porque ni la lluvia ni la obra se reparten igual para empezar.
Entonces, ¿qué pasó?
Que el Mundial no explique el 4,6% no quiere decir que no la haya. Junio también cayó, 4,3%, y en junio se jugaron menos horas en horario laboral que en julio. Dos meses seguidos de caída fuerte, 8,6% acumulado contra mayo. Para el lector de esta revista, esa es la parte útil, y no requiere ningún modelo. Tasas altas y crédito parado, que es lo que mueve la obra privada —y que se siente en el ISAC con dos o tres meses de rezago, justo la distancia que separa mayo de julio—. Obra pública sin reactivación, que es la que arrastra los insumos pesados. Costos elevados y presión sobre los salarios, que es lo que decide si una obra arranca. Cualquiera de esas tres cosas mueve más metros cúbicos de hormigón que la fase de grupos del mundial de fútbol.
En fin. La explicación futbolística merece reconocimiento, porque es intuitiva, creativa y se cuenta en diez segundos, pero bueno en mi humilde opinión no resiste análisis técnico.
Datos disponibles al 15/09/2026.
Fuente: INDEC y metodología del ISAC. El cálculo del 5,0% supone jornada de ocho horas; con la ventana de 8 a 17 que uso para contar partidos, la proporción baja a 4,5%. Las variaciones descriptivas son porcentajes ordinarios. Los componentes del segundo gráfico se convierten a esa misma escala y no constituyen pronósticos ni estimaciones causales; la comparación hasta 2025 usa datos revisados en 2026, por lo que es retrospectiva.



