HAYDEÉ RESTAURANTE
FICHA TÉCNICA
NOMBRE | HAYDEÉ RESTAURANTE
UBICACIÓN |San Fernando, Buenos Aires, Argentina
TIPOLOGÍA | Hospitality – Restaurant
ESTUDIO DE ARQ. | MTVD – Estudio Montevideo
PROYECTO | Diseño y dirección técnica integral de obra (arquitectura e interiorismo)
ARQ. A CARGO | Gabriela Jagodnik, arq. – Ramiro Veiga, arq. – Marco Ferrari, arq.
EQUIPO DE DISEÑO | Melisa Daives, arq. – Rocío Ledesma, arq. – Daniela Francisco, arq. – Camila Ripoll, arq. – Christopher Crespi, arq. – Simón Fassi, arq. – Carla Grion, arq. – Gisella Callegari, arq. – Soledad Cocorda, arq. – Lucía Ceballos, arq.
VISUALIZACIÓN | Florencia McKidd, arq. – Valentín Vodanovic, arq.
COLABORADORES | Un barco (branding)
DISEÑO INTERIOR | MTVD – Estudio Montevideo
INGENIERÍA ESTRUCTURAL | Claudio Tela, ing.
ILUMINACIÓN |Lucía Ceballos, arq. – Agustina López, arq.
EQUIPAMIENTO GASTRONÓMICO | Ingeniería gastronómica
TERMOMECÁNICA | Novel
ELECTRICIDAD | Nova Electric
CONSTRUCCIÓN | Gabser – Brickline
DIRECCIÓN DE OBRA |Violeta Bonicatto, arq. – Pilar Pérez, arq.
SUPERFICIE CONSTRUIDA | 620 m² totales (445 m² cubiertos – 175 m² semicubiertos)
FOTOGRAFÍA | Gonzalo Viramonte, arq.
MEMORIA DESCRIPTIVA
Haydeé es un restaurante ubicado en San Fernando, Buenos Aires, concebido como un homenaje a lo mejor de la cocina italiana. El proyecto se plantea como el primer paso hacia un sueño mayor: la creación de un edificio entero inspirado en escenarios típicos de Italia, sin dejar de valorar la magia del entorno local.
Su programa se organiza en tres alternativas de uso según el servicio y el momento del día, distribuidas en tres niveles (planta baja, subsuelo y terraza), donde los aromas y sabores se mezclan de manera constante con los materiales y colores del espacio.
En planta baja se ubica el corazón del proyecto. La cocina, entendida como punto central que bombea y enciende toda la experiencia, entorno donde se elabora a mano y con dedicación la alta cocina de estilo italiano. Alrededor de ella se despliegan el salón principal y las diferentes áreas del lugar, bajo una atmósfera cálida y de ambiente familiar que da la bienvenida al recorrido.
El descenso hacia el subsuelo revela un sector sorpresa. Un speakeasy de vinos concebido como una piel que envuelve y cobija el espacio destinado a la cava. La propuesta busca una experiencia inmersiva, de ingreso hacia un interior oculto, donde los sentidos se intensifican hacia los sabores y el tacto, en una atmósfera íntima y cálida que contrasta con la luminosidad de la planta baja.
Finalmente, la terraza se presenta como el tercer momento del recorrido, acompañada de una barra de coctelería donde predominan los azules y las texturas suaves que trasladan a un ambiente nocturno. Aquí toman protagonismo las visuales hacia la ciudad, con vistas privilegiadas para disfrutar del atardecer, y distintas situaciones de estar pensadas para compartir un after office o un encuentro entre amigos.
El lenguaje del proyecto y su identidad de marca se inspiran en el paisaje italiano, con paralelismos hacia algunos rincones del propio San Fernando, y en la estética blue Italian que consta de paisajes enlozados que evocan las campiñas de Italia.
El proyecto fue desarrollado de manera integral, desde la arquitectura hasta el interiorismo, entendiendo ambas disciplinas como parte de una misma experiencia.
Desde el comienzo buscamos que el edificio se integrara al barrio de una manera natural, casi como si hubiera estado allí toda la vida. La elección de los materiales fue fundamental para construir esa sensación. El ladrillo, utilizado como revestimiento vertical, junto con un filtro que simula madera y la presencia de los álamos, enmarca una imagen reconocible y propia del paisaje del barrio.
A pesar de contar con aproximadamente 620 m², el edificio busca percibirse mucho más pequeño y cercano, respetando la escala del entorno.
La iluminación, la cartelería y cada uno de los detalles acompañan esta intención de manera sutil, generando una invitación a entrar y descubrir lo que pensamos como una gran “pérgola italiana”.
Uno de los principales conceptos del proyecto fue generar continuidad entre el interior y el exterior. La biblioteca que recorre toda la planta baja responde, por ejemplo, a la misma altura y modulación de la fachada, haciendo que los límites se vuelvan menos evidentes y que por momentos no quede tan claro dónde termina el afuera y comienza el adentro.
Los pisos calcáreos aparecen generando distintas “alfombras” y recuperan las flores presentes en el branding. Esta incorporación permite sumar identidad y, al mismo tiempo, transmitir la calidez de estar entrando a una casa. Esa misma búsqueda continúa a través de la barra de madera, los sillones tapizados, las mesas, los cueros y las diferentes texturas. La integración de macetas, vegetación y una iluminación cálida termina de construir esa sensación de hogar, generando una experiencia cercana, confortable y acogedora.
Los baños adquieren una impronta particular a través de empapelados que evocan paisajes, siempre dentro de una paleta vinculada a los azules. Incluso el sonido forma parte de la materialidad sensible del espacio: el canto de los pájaros completa una atmósfera que busca transportar al usuario y alejarlo, por un momento, del contexto urbano.
En planta alta, el lenguaje comienza a transformarse. El bar remata en un gran espejo circular que tiene continuidad en el cielorraso y acompaña una atmósfera más nocturna y coctelera. El mobiliario aumenta su altura; aparecen barras y banquetas que proponen otra postura corporal y otra manera de habitar el espacio. Las mesas realizadas en granito Alpinus funcionan casi como piezas únicas, con una materialidad y una expresividad que remiten a las piedras y paisajes de las campiñas italianas.
La terraza retoma de manera más explícita el imaginario de las pérgolas italianas, ese lugar donde uno podría tomar un aperitivo debajo de una parra. Los pisos calcáreos diseñados especialmente para el proyecto, hoy comercializados bajo el nombre Haydée, incorporan nuevamente la flor de la marca. El filtro que recorre el perímetro funciona simultáneamente como límite, baranda y elemento de privacidad, permitiendo conservar al mismo tiempo el contacto justo con el exterior.
El subsuelo propone una experiencia completamente diferente. Concebido como un espacio socavado, casi descubierto dentro de la tierra, fue trabajado con un revestimiento símil piedra realizado artesanalmente por Marcos Murasano, de Stucchi Italiani. La intervención construye la sensación de ingresar a una cueva. En su interior, una gran mesa de mármol negro atraviesa el espacio de punta a punta y genera el marco ideal para catas de vino y eventos privados, con una charcutería como remate final.
La escalera, por último, funciona como uno de los grandes elementos articuladores del proyecto. Una pieza de circulación que también acompaña toda la experiencia y conecta los diferentes programas otorgándole carácter al recorrido. Revestida completamente en ladrillo, está acompañada por una baranda metálica azul que se despliega como una cinta continua a lo largo de todo el trayecto.
En todo el proyecto, la materialidad —ladrillo, madera, piedra, mármol, granito, textiles, metales, vegetación, iluminación y pisos calcáreos— trabaja en conjunto para construir una identidad, pero sobre todo para provocar sensaciones. Cada elemento busca reforzar esa idea inicial de crear un lugar contemporáneo que, sin embargo, tenga algo familiar y atemporal; un espacio que parezca haber pertenecido siempre al barrio y que invite a entrar, recorrerlo y descubrirlo.




















