Guillermo Gonzalo: “La arquitectura debe responder al clima, no solo a la estética”
Tucumán, 27 de Enero de 2026. En una entrevista exclusiva, el reconocido arquitecto tucumano y referente en diseño sustentable reflexiona sobre la importancia de la arquitectura bioclimática, el impacto del cambio climático en el NOA y la necesidad de volver a pensar las viviendas desde su funcionalidad térmica.
El arquitecto Guillermo Gonzalo, una de las voces más autorizadas en materia de arquitectura bioclimática en Argentina, nos recibió en su casa para conversar sobre su trayectoria, sus investigaciones y el desafío que enfrentan los profesionales hoy ante un clima que ha cambiado drásticamente. Autor de siete libros, su obra de 1998 sigue siendo, décadas después, uno de los textos más consultados de la Universidad Nacional de Tucumán a nivel mundial.
La brecha entre la «escultura» y el hogar habitable
Durante la charla, Gonzalo se mostró crítico con la formación académica y la práctica profesional actual. Según el experto, existe una tendencia a priorizar la estética visual por sobre el comportamiento térmico de la vivienda.
«En mi cátedra intenté llevar a cabo este planteo enseñándoles esto a los chicos, pero la macana es que estábamos en segundo año. Con cuatro años posteriores, lograban deformarse lo suficiente como para después intentar hacer la obra, la escultura, sin pensar en cuál era la aislación del techo o cómo orientar las ventanas«, explicó.
Para Gonzalo, el diseño no debería ser una cuestión de azar, sino una respuesta lógica a los datos. Critica duramente las decisiones basadas únicamente en la imagen: «Algunos eligen losa con teja porque estéticamente queda bien, o chapa pintada de negro, que tiene una absorción de la radiación solar del 98%». Según el experto, la arquitectura debe responder al hecho de que Tucumán ya no tiene inviernos crudos: «Ya hay fresco nada más», señaló respecto al cambio climático.
El mito del techo estanco y la regla de los 10 centímetros
Uno de los puntos más técnicos de la charla abordó el dilema de las cubiertas en el NOA. Gonzalo rompe con las «recetas» genéricas y establece parámetros basados en la física y el espesor de los materiales. Para él, la falta de una buena aislación no es un problema de presupuesto, sino de conocimiento técnico aplicado.
— En una cubierta, ¿qué recomienda hacer? ¿Entre la cubierta y el cielorraso se debe crear una caja estanca o colocar rejillas de ventilación?
— Si estamos en San Miguel de Tucumán y la cámara tiene más de 10 cm, conviene ventilar. Si es una cámara pequeña porque el techo es inclinado, conviene no ventilar para que el aire se comporte como un medio aislante. El problema es que en la facultad te decían: «yeso y una pulgada de lana de vidrio», pero para un techo con esta radiación, la aislación debe ser de 10 cm por lo menos. No me gusta dar recetas porque Tucumán no tiene viento, pero si estás en un lugar con frío, tenés que tener todo lo más estanco posible.
De la carbonilla del Ingenio San Juan a la lana de oveja en Múnich
La charla recorrió la evolución de los materiales, desde las soluciones industriales hasta el uso estratégico de recursos locales. Gonzalo recordó cómo, en el pasado, se utilizaban desechos de la industria azucarera con gran éxito, comparando esa inventiva con la situación en Europa.
— Si tuviera que elegir un aislante (celulosa, lana de vidrio o poliestireno), ¿qué criterios prioriza?
— No es necesario gastar de más. En mi época de estudiante se usaba la carbonilla o íbamos al Ingenio San Juan a comprar la perlita gruesa, que era el sobrante de los filtros para hacer cerveza; la traíamos en camiones y llenábamos el cielorraso. Es lo mejor que hay, pero ahora se han dado cuenta de que la perlita sirve y te la cobran bastante cara.
Para Gonzalo, hay un retraso en el uso de materiales alternativos. «Mi hermano, que vive en Alemania y terminó su doctorado en Múnich, tiene un estudio donde usa celulosa natural y lana de oveja como aislante. Allá son materiales normalizados, mientras que aquí todavía nos falta.», explicó.
Arquitectura social: El ingenio frente a la crisis y el freno de la dictadura
Gonzalo también compartió su faceta más humana al relatar su labor ad honorem en villas de emergencia junto a su hermana, quien se desempeñaba como asistente social. Allí, el arquitecto aplicó principios bioclimáticos con los recursos mínimos disponibles, enseñando a los vecinos a utilizar cartón y papel de diario picado para aislar térmicamente las viviendas prefabricadas. Sin embargo, este compromiso se vio truncado por el contexto político del país.
«Yo iba los sábados gratuitamente como arquitecto consultor y trabajé algunos años, hasta que los militares no me permitieron seguir. En tribunales federales me aconsejaron que no fuera más«, recordó Gonzalo sobre el cese forzado de su actividad en los barrios.
Pese a la precariedad, su enfoque buscaba una solución inmediata a la urgencia habitacional: «Es algo impensado hoy en día, pero yo consideraba que cuando se vive tan al límite, estas soluciones permitían, al menos, vivir de forma más confortable. No es falta de dinero, es falta de criterio«, sentenció, reafirmando que el razonamiento lógico debe primar sobre el presupuesto.
Herramientas gratuitas para profesionales
Hacia el final de la entrevista, el arquitecto reafirmó su compromiso con la democratización del conocimiento. Todo su trabajo de investigación, incluido el software para verificar el cumplimiento de las normas IRAM de eficiencia energética, está disponible de forma gratuita en plataformas como Academia.edu y ResearchGate.
Descarga el Manual de Arquitectura Bioclimática
Para quienes deseen profundizar en los conceptos técnicos y las pautas de diseño mencionadas por el arquitecto, su obra fundamental, el «Manual de Arquitectura Bioclimática», se encuentra disponible para consulta y descarga gratuita.
Este material es una herramienta indispensable para profesionales y estudiantes que buscan aplicar soluciones reales y sustentables en sus proyectos. Puedes acceder al manual completo a través del siguiente enlace:






