PAISAJE CULTURAL: UNA FORMA DE MIRAR EL TERRITORIO
Antes de intervenir, es necesario conocer. El paisaje cultural ofrece a la arquitectura una manera de comprender el territorio como una realidad compleja, construida por la interacción entre naturaleza, sociedad, memoria y tiempo.
Luis Bruna, Esp. Arq. / Codirector del Equipo de Investigación – PIUNTB710 – Agosto 2026
Un paisaje cultural es mucho más que la suma de elementos naturales o construidos. Es el resultado de una relación prolongada entre una sociedad y el territorio que habita, en la que se entrelazan componentes naturales y culturales, materiales e inmateriales, que construyen formas particulares de habitar y significar un lugar.
Cuando intervenimos en territorios de valor cultural, mirar solo el edificio o la ciudad resulta insuficiente. El relieve, el agua, la vegetación, los caminos, los asentamientos, las actividades productivas, la arquitectura, los restos arqueológicos, la historia, las expresiones artísticas y las prácticas sociales forman parte de una misma realidad.
Estudiar el paisaje cultural de manera metódica significa conocer antes de transformar. Significa identificar sus componentes, reconocer sus valores, comprender las relaciones que mantienen entre sí y detectar situaciones de deterioro. El conocimiento es el punto de partida para planificar, gestionar, conservar e intervenir.
Para abordar esta complejidad, nuestra propuesta¹ se sustenta en dos conceptos fundamentales: sistema y holismo.
Pensar el paisaje como sistema implica comprenderlo como un conjunto de elementos diversos, de distintas escalas y naturalezas, relacionados. Ningún componente puede explicarse completamente de manera aislada: adquiere sentido en relación con otros y con el conjunto. El paisaje no es una colección de objetos, sino una estructura de relaciones.
Figura 1: Representación de la matriz de datos, con su clasificación en áreas de estudio, naturaleza de los componentes y definición de los campos de conocimiento (Mónica Ferrari y Luis Bruna, 2021)
El holismo permite completar esta mirada. Supone considerar simultáneamente el todo y las partes, lo general y lo particular. Se analiza cada componente sin perder de vista su significado dentro de la totalidad. Esta perspectiva permite superar una mirada fragmentada y aproximarse a la complejidad del territorio.
A través del inventario de recursos paisajísticos, esta mirada puede convertirse en una herramienta de trabajo.
Su construcción comienza con una aproximación perceptual al territorio. Luego se recopila y sistematiza información proveniente de diferentes fuentes: bibliografía, documentos institucionales, cartografía, fotografías y registros audiovisuales. La información se selecciona y evalúa para construir una base de conocimiento.
Se registran recursos naturales y culturales, tangibles e intangibles, contemplando sus diferentes escalas. Cada recurso es identificado y georreferenciado. El trabajo de campo completa y verifica la información; la cartografía y los Sistemas de Información Geográfica permiten relacionar los componentes y reconocer su organización territorial.
La lectura conjunta de los recursos permite descubrir relaciones, concentraciones y características comunes que contribuyen a reconocer unidades de paisaje. El inventario se convierte así en base para la valoración, protección, gestión y planificación.
Figura 2: Mapa conceptual del proceso metodológico para la construcción del inventario de recursos paisajísticos (Mónica Ferrari y Luis Bruna, 2021)
Referencia: [1] Ferrari, M. y Bruna, L. (2021). Metodología para la construcción del Inventario de Recursos Paisajísticos en la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio Mundial. Eure, 47(141). http://dx.doi.org/10.7764/EURE.47.141.12. ISSN-e: 0717-6236.
