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A tres cuadras del basural
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A tres cuadras del basural

Una década de EPH muestra que el problema habitacional del Gran Tucumán ya no son las casas: es todo lo que las rodea.

Lic. Miguel Palau – Economista – Julio 2026

En el primer semestre de 2018, poco más de uno de cada cien habitantes del Gran Tucumán–Tafí Viejo vivía a tres cuadras o menos de un basural: unas 11.000 personas. Siete años después son casi uno de cada tres: 30,9%, alrededor de 287.000 personas (EPH-INDEC, 2° semestre 2025). En el mismo período, el promedio de los 31 aglomerados urbanos del país se movió apenas: hoy está en 6,1%. Ninguna otra estadística habitacional argentina se movió tanto, tan rápido y tan para peor.

Y no, no es «cosa del Norte». La región NOA completa —que incluye al Gran Tucumán, con un tercio de su población— registra 17,8%. Si se descuenta el peso tucumano, el resto de los aglomerados de la región ronda el 11%. Salta, Jujuy, Santiago, Catamarca y La Rioja comparten pobreza, clima y federalismo con Tucumán; no comparten sus basurales.

El dato importa porque acaba de ganar jerarquía institucional. El OFAVA —el observatorio de la vivienda lanzado en julio por las cámaras desarrolladoras AEV y CEDU, con elaboración de Empiria sobre la propia EPH— ubicó a Tucumán como la tercera peor jurisdicción del país en materia habitacional: 58% de los hogares con algún déficit, empatada con Chaco y solo detrás de Jujuy (71%) y San Juan (60%), contra un 38,7% nacional. La precisión que blinda el número: 58% con «algún déficit» no significa 58% sin vivienda. Al contrario: en el desagregado tucumano, la vivienda irrecuperable —la que hay que demoler y reemplazar— es marginal. Lo que domina el déficit es el entorno y los servicios. En Tucumán casi no faltan casas; falla el suelo urbano donde están paradas. La serie semestral de la EPH, que la Dirección de Estadística de la Provincia publica desde el segundo semestre de 2016, permite ver cuándo y cómo se llegó ahí.

Lo que mejoró

Empecemos por lo que anduvo, porque anduvo. El hacinamiento crítico —más de tres personas por cuarto— cayó de 7,1% a 3,8% de la población en una década: se redujo casi a la mitad y quedó a un punto del promedio nacional. Los materiales insuficientes de la vivienda bajaron de 27,4% a 21,6%. Dos motores explican la mejora, y ninguno es una política habitacional: el esfuerzo privado —familias que levantaron un cuarto, techaron, revistieron— y la demografía: el hogar promedio del aglomerado pasó de 3,7 a 3,3 miembros. Menos gente por casa descomprime cuartos sin que nadie ponga un ladrillo.

La letra chica igual incomoda: ese 21,6% de materiales insuficientes sigue siendo 2,7 veces el promedio nacional (8,0%) y el peor registro entre las comparaciones disponibles. Mejorar desde muy atrás es mejorar, pero no es alcanzar.

Lo que se congeló

Las redes. En el segundo semestre de 2016, el 46,1% de la población del aglomerado no accedía al gas de red; en el segundo de 2025, el 46,0%. En cloacas, el sin-acceso pasó de 27,0% a 27,5%. Una década, cero avance neto. Y ojo con el contexto antes de repartir culpas: en gas, Tucumán no es la excepción sino la regla regional —el NOA entero está en 48,1% sin acceso, peor que el aglomerado—, así que ahí el problema es de infraestructura troncal y política tarifaria federal, no de gestión local. En cloacas, en cambio, Tucumán está por debajo de su región (21,5% sin acceso en el NOA) aunque mejor que el promedio país.

El estancamiento tiene un mérito escondido y una condena a la vista. El mérito: el aglomerado sumó casi 45.000 hogares en la década (de 239.916 a 284.623, +19%), y que los porcentajes no hayan empeorado significa que las redes se expandieron exactamente al ritmo de la mancha urbana. La condena: correr para quedarse en el mismo lugar —la Reina Roja aplicada a los caños— implica que la brecha nunca se cierra. El único servicio donde el Gran Tucumán le gana cómodo al país es el agua corriente: 99,6% de acceso contra 89,7% nacional. Es la herencia de una red histórica; conviene no confundirla con gestión reciente.

Lo que colapsó

El hábitat. La serie de basurales arranca en 10,8% (2016), toca un mínimo de 1,2% a comienzos de 2018 y desde ahí sube casi sin pausa hasta el 30,9% actual. Vale la advertencia metodológica, porque nos la van a tirar: en 2019 la EPH incorporó áreas faltantes en varios aglomerados y las poblaciones no son estrictamente comparables con los semestres previos. Concedido. Pero incluso tomando solo la ventana posterior al cambio, el indicador se triplicó: de 9,8% a fines de 2019 a 30,9% hoy. Y sumó más de seis puntos entre fines de 2024 y mediados de 2025, en pleno año de estabilización macro. Ninguna reponderación muestral explica eso; la acumulación de residuos a cielo abierto, sí.

Las zonas inundables cuentan la misma película con otro guion: de un piso de 3,9% (2018) a un pico de 19,8% (2023); hoy 13,7% —unas 127.000 personas—, contra 9,4% nacional. El saneamiento inadecuado subió de 17,4% a 20,9% mientras el país está en 14,1%. Y el marcador más elocuente de todos es jurídico, no sanitario: el 11,3% de los hogares tucumanos es «propietario de la vivienda solamente» —la casa es suya, el terreno no—, casi el doble del 6,4% nacional y del 6,4% regional. Loteo informal, tierra sin título, urbanización que avanzó más rápido que el registro dominial.

Quién controla qué 

Ordenemos el tablero por responsabilidades y el patrón se vuelve incómodo de tan nítido. Todo lo que depende del ahorro y el trabajo de los hogares —cuartos, techos, pisos— mejoró. Todo lo que depende de la gestión pública local —recolección y disposición final de residuos, desagües pluviales, extensión de cloacas, regularización del suelo— empeoró o se congeló, con la salvedad federal del gas. Los tucumanos hicieron su parte de la ecuación habitacional. El Estado municipal y provincial, no: la ciudad creció más rápido que sus servicios y la basura ganó la carrera.

La dinámica que viene no ayuda. La Nación se retiró del financiamiento habitacional y de la obra urbana, de modo que lo que no haga la provincia no lo hará nadie. El crédito chico —el de la conexión a cloaca, el del baño, el de la ampliación— es exactamente el segmento que la crisis de mora está destruyendo. Y la autoconstrucción, que sostuvo la única parte del sistema que funcionó, depende de un ingreso laboral que en el Gran Tucumán perdió terreno frente al país durante toda la década. El OFAVA actualizará sus números trimestre a trimestre con la propia EPH: con esta serie local, el componente de entorno tucumano no tiene de dónde bajar. Lo vamos a estar midiendo.

Queda la geografía, que es el agravante final. Tucumán es la provincia más chica y más densamente poblada de la Argentina; seis de cada diez tucumanos viven en un solo aglomerado y no hay rincón provincial a más de dos horas de la capital. Es, por diseño, el territorio más barato del país para tender una red, recolectar un residuo o titularizar un lote. Que sea el tercero peor en vivienda no es una fatalidad del mapa: es una elección de gestión, repetida durante una década, semestre a semestre. «Si al país le va bien, a Tucumán le irá bien», dice la doctrina oficial. Al país, en casi todos estos indicadores, le fue mejor. A Tucumán, no.

Tres cuadras es la distancia que hoy separa a un tercio del Gran Tucumán de un basural. Es también una buena medida de la distancia entre el discurso y la gestión.

Nota metodológica: los datos corresponden al aglomerado Gran Tucumán–Tafí Viejo (929.512 personas, 284.623 hogares al 2S2025), único dominio provincial de la EPH; los indicadores se expresan en porcentaje de personas, salvo tenencia e inquilinización, que son atributos del hogar. En 2019 la EPH amplió su cobertura de áreas, por lo que la serie previa no es estrictamente comparable. Las variables habitacionales se relevan en la primera participación muestral de cada vivienda, lo que genera oscilaciones semestrales: conviene leer tendencias, no semestres aislados. La comparación con la región NOA usa el 1er semestre de 2025, última apertura regional publicada por la DEP. Fuentes: INDEC-EPH y Dirección de Estadística de la Provincia, «Indicadores de condiciones de vida»; OFAVA (AEV-CEDU / Empiria) sobre EPH.

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