¿Tener paciencia es parte del plan?
Lic. Miguel Palau – Economista – Abril 2026
La macro mejoró. La micro no llegó. Los salarios reales cayeron, la morosidad está en niveles récord y el consumo acumula una caída del 27% desde diciembre de 2023. El gobierno pide paciencia. La evidencia empírica sobre estabilizaciones en América Latina tiene un resultado robusto: la paciencia tiene rendimientos decrecientes y un límite de legitimidad social.
Steven Soderbergh eligió contar la Gran Depresión desde adentro. En King of the Hill (1993) la cuenta desde Aaron, un chico de 12 años que queda solo en un hotel venido abajo mientras el mundo se desarma. Hay una escena que no se olvida: Aaron recorta fotos de comida de una revista y las sirve en un plato vacío. Es lo que hace alguien cuando resistir un día más es lo único que tiene. El problema es que resistir no es un plan.
La Argentina de estos meses no es la St. Louis de 1933, ni por asomo. Es un país que tiene una macro que mejoró incuestionablemente y una micro que no llegó. Eso tiene nombre técnico: decoupling. El PBI puede crecer mientras el ingreso de las familias cae. Pasa cuando el crecimiento lo traccionan sectores que generan dólares pero no empleo directo: la energía, la minería, el agro. Esos sectores crecieron fuerte. La industria y la construcción, que son los que por lo general exageran los ciclos en ambas direcciones, siguen por debajo de donde estaban en 2023.
El resultado es concreto y no admite demasiada retórica. Los salarios reales cayeron. La morosidad en tarjetas y préstamos personales está en niveles récord. El consumo de febrero de 2026 es un 27% menor al de diciembre de 2023. La desocupación juvenil cerró 2025 arriba del 16% tanto en varones como en mujeres de 14 a 29 años. No es un dato coyuntural. Es estructural. Es un país que no genera empleo de calidad donde debería estar incubando futuro.
Cuando el gobierno habla de «récord histórico» está haciendo una operación estadística legítima pero engañosa. Técnicamente puede ser cierto. El problema es que récord histórico después de once años de estancamiento es la vara más baja posible. La economía argentina opera hoy muy por debajo de su producto potencial. Que el PBI esté apenas 0,3% por encima del pico anterior no dice nada sobre bienestar ni convergencia. Solo dice que se recuperó el nivel perdido durante el ciclo de destrucción previo. Arthur Okun demostró que para reducir el desempleo en un punto se necesitan dos o tres puntos de crecimiento por encima del potencial. Con esa aritmética, la mejora actual no cierra.
«No es la gente la que tiene que ser paciente con el modelo. Es el modelo el que tiene que generar delivery.»
El dato de inflación de marzo fue 3,4% mensual. Todos salieron a bajarle el precio, y es comprensible. Que es transitorio, que hay factores exógenos, que la desinflación no es lineal. Puede ser. Pero hay un mecanismo que ese argumento ignora. Los salarios en esta dinámica deberían negociarse con la inflación pasada como referencia. Si marzo fue 3,4%, las paritarias van a exigir recomposición sobre ese número. La indexación en los sectores de servicios no transables —alquileres, medicina prepaga, educación privada— lidera la inercia en lugar de seguirla. Un 3,4% mensual es casi 50% anualizado. Es un número que termina de consumir el 98% de la tolerancia inflacionaria puesta en el presupuesto de 2026.
La pregunta técnica relevante no es por qué subió la inflación sino por qué no baja aunque las anclas del modelo se mantienen. El gobierno pide paciencia. Como economista hay que responder eso con precisión, sin condescendencia hacia la gente y sin hacerle el juego al catastrofismo y sin sobregiros. La evidencia empírica sobre estabilizaciones en América Latina tiene un resultado robusto: la paciencia tiene rendimientos decrecientes y un límite de legitimidad social. Calvo y Végh documentaron el patrón típico de estabilizaciones con ancla cambiaria: para mi estamos avanzando en el patrón por ellos descripto.
El ajuste fue real. Ese costo ya está pagado por la sociedad, especialmente por los sectores más vulnerables que no tienen cobertura financiera. Los beneficios de ese ajuste están llegando de manera asimétrica. Los primeros en capturarlos son los sectores con acceso al mercado de capitales, los exportadores y los que tienen ingresos indexados. Los que pagaron más el costo son los que esperan más para ver los beneficios. Eso no es un juicio moral: es una descripción técnica.
Los escenarios posibles son dos. Si la inflación converge al 20% anual y la inversión privada aparece en sectores que generan empleo, las familias empiezan a sentirlo en el segundo semestre de 2026. Posible pero no garantizado. Si la inflación se estabiliza cerca del 27% que proyectan varias consultoras y las paritarias vuelven a quedar debajo de los precios, la mejora en el bolsillo se corre a 2027. Ese desfase entre el tiempo económico y el tiempo político es el verdadero riesgo del programa. Las reformas estructurales —laboral, previsional, apertura comercial ordenada— siguen en el freezer porque la estabilización macro consume todo el capital político disponible. Y sin reformas que cambien la productividad potencial, la estabilización es técnicamente más frágil en el mediano plazo.
El ancla principal de todo el esquema no es fiscal ni cambiaria. Es las expectativas. Kydland y Prescott formalizaron en 1977 el problema de la inconsistencia temporal en política económica: una promesa creíble vale más que cualquier instrumento nominal porque cambia el comportamiento de los agentes antes de que el resultado se produzca. El problema es que la credibilidad se construye con resultados concretos y se erosiona con narrativas que no cierran con los datos. Un récord histórico medido desde el piso de once años de estancamiento no es el tipo de resultado que consolida expectativas. Lo que las consolida es salario real en tendencia positiva, empleo formal creciendo, e inflación perforando el piso del 3% mensual con consistencia.
Aaron esperaba porque la carta tenía una promesa concreta. Una promesa con fecha es distinta a una promesa abierta. Cuando la fecha se corre demasiadas veces, el aguante no se erosiona despacio. Se erosiona de golpe. No es la gente la que tiene que ser paciente con el modelo. Es el modelo el que tiene que generar delivery. La macro tiene que convertirse en salario, en empleo, en consumo, en horizonte. Si no, resistir deja de ser una virtud y se convierte en el único recurso que queda.


