No existe la mejor inversión. Existe el mejor portfolio
Alejo Kotowicz – Analista de Gemafi Inversiones – Febrero 2026
Cómo pensar la construcción desde la lógica de asignación de activos
Hace un tiempo, un cliente llegó a la oficina con una consulta. Había decidido invertir todos sus ahorros en un desarrollo inmobiliario de nuestra provincia. El proyecto era sólido, la ubicación era buena, los números cerraban. Pero cuando le pregunté cómo encajaba eso dentro del resto de sus inversiones, me miró con extrañeza. Para él, esa pregunta no tenía sentido: El proyecto era la inversión. El resto era otra cosa.
Esa separación —entre “la construcción” y “las inversiones”— es uno de los errores más comunes que veo en quienes operan en nuestro sector. Y no es un error de números. Es un error de marco.
Cada activo tiene su personalidad
En finanzas, cuando hablamos de construir un portfolio, no hablamos de juntar las mejores inversiones individuales. Hablamos de combinar activos que se comportan de manera diferente entre sí. Cada tipo de activo tiene características propias: cómo responde a la inflación, con qué velocidad puede convertirse en dinero, qué tipo de retorno genera y bajo qué condiciones.
La construcción tiene una personalidad muy particular como activo. Es tangible: existe físicamente, no puede esfumarse de un día para el otro. Tiene una estrecha relación con los costos reales de la economía, lo que la convierte históricamente en una cobertura natural contra la inflación. Puede generar renta a través del alquiler o plusvalía a través de la reventa. Y se mueve con una lógica propia, muchas veces desconectada de lo que sucede en los mercados financieros.
Esas características no son ventajas absolutas. Son simplemente su perfil. Y conocer ese perfil es lo que permite usarlo bien.
El problema no es el activo. Es la concentración
Volviendo al cliente: el problema no era que hubiera elegido la construcción. El problema era que había puesto todo en un único activo, dentro de un único proyecto, en una única ubicación. Cuando uno de esos factores fallara —y en cualquier inversión siempre hay algo que no sale exactamente como se planificó— no habría nada más que compensara.
La diversificación no es una estrategia para los que no tienen convicción. Es una herramienta para los que entienden que el futuro es incierto por definición. Pensar la construcción como una pieza dentro de un conjunto más amplio de activos es el siguiente nivel.
Conocer lo que se tiene cambia las decisiones
Cuando alguien que invierte en construcción entiende el perfil real del activo que tiene en sus manos, empieza a hacerse preguntas distintas. No sólo “¿Es un buen proyecto?” sino “¿Qué rol cumple este proyecto en mi situación financiera general?”, ¿Necesito liquidez en el corto plazo?, ¿Tengo otros activos que ya cubren la inflación?, ¿Estoy buscando renta mensual o valorización en el tiempo?, ¿Qué otros activos podrían complementar esta inversión para construir una estrategia más sólida y diversificada? Estas preguntas no son exclusivas del mundo financiero. Son preguntas que cualquier inversor debería analizar o asesorarse antes de comprometer su capital.
La construcción es uno de los activos con mayor presencia en la economía real de Tucumán y de Argentina. Como cualquier activo, tiene sus fortalezas y sus limitaciones. Conocerlas, en lugar de ignorarlas, es lo que permite sacarle el mayor provecho posible
No se trata solo de si un proyecto inmobiliario es una buena o mala inversión. Se trata de saber qué rol cumple dentro de tu patrimonio y actuar en consecuencia.
La próxima vez que evalúe una obra, un lote o un desarrollo, vale la pena detenerse un momento y preguntarse: ¿qué lugar ocupa esto en el conjunto de todo lo que tengo? Esa pregunta, simple en apariencia, es la que separa a quien invierte de quien simplemente adquiere.



