Arquitectura del agua: de cicatrices de hormigón a arterias de vida
Febrero 2026
Cada vez que observo los canales de hormigón que atraviesan nuestras ciudades, me resulta imposible no verlos como cicatrices. Durante décadas los entendimos como símbolos de modernidad y control, pero hoy, con la urgencia climática como telón de fondo, revelan su verdadera naturaleza: infraestructuras rígidas que interrumpen procesos ecológicos esenciales y que ya no responden a las necesidades urbanas contemporáneas. Antes de ser canales, esos trazos eran ríos y arroyos; antes de ser drenajes, eran sistemas vivos.
Durante mucho tiempo tratamos al agua como un residuo a evacuar. La entubamos, la rectificamos, la escondimos. Sin embargo, la arquitectura y la ingeniería actuales tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de replantear esa relación. Diseñar con la naturaleza, en lugar de hacerlo contra ella, ya no es una aspiración idealista sino una condición para la resiliencia urbana.
La reconversión de canales mediante Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) no es un gesto cosmético. Es una estrategia de adaptación que combina eficiencia hidráulica, regeneración ecológica y valor urbano. La infraestructura gris, concebida para un clima estable que ya no existe, ha demostrado sus límites. En cambio, las SbN ofrecen beneficios múltiples: el Banco Interamericano de Desarrollo estima que cada dólar invertido en resiliencia genera cuatro dólares de retorno social, lo que convierte a estas intervenciones en una decisión racional desde cualquier perspectiva técnica o económica.
Experiencias internacionales lo confirman. En Auckland u Oslo, la remoción del hormigón y la reapertura de cauces —el proceso conocido como daylighting— permitió que la vida regresara con una velocidad sorprendente. En pocos meses, la vegetación y los macroinvertebrados recolonizaron los cursos de agua y comenzaron a mejorar su calidad de manera natural. En Oslo, incluso, el río llegó a retener más fósforo y nitrógeno del que ingresaba, una evidencia clara de que los procesos biogeoquímicos se reactivan cuando se restituye la estructura ecológica del cauce.
Cuando estos procesos no pueden operar, el sistema colapsa: el agua pierde oxígeno, se eutrofiza, los peces mueren y aparecen olores, plagas y riesgos sanitarios. La biodiversidad funciona como un sistema inmunológico urbano, y su ausencia deja a la ciudad expuesta. Casos como el del río Wuyuan, en China, muestran que la reconstrucción de humedales y espacios tridimensionales puede revertir incluso situaciones críticas, transformando canales degradados en ecosistemas funcionales que mejoran la calidad del aire y devuelven identidad al paisaje urbano.
Este enfoque implica un cambio de escala para la arquitectura y la construcción. Ya no se trata únicamente de proyectar edificios, sino de diseñar entornos capaces de absorber, filtrar y regular. Proyectos como el del río Sokołówka en Polonia o las “Ciudades Esponja” en China demuestran que los parques inundables no solo gestionan eventos extremos con mayor eficacia que el hormigón, sino que además generan espacios públicos de alto valor social. La evidencia es contundente: el contacto cotidiano con la naturaleza reduce el estrés, mejora el bienestar emocional y puede disminuir la temperatura urbana hasta 10°C durante olas de calor, con impactos directos en el consumo energético de las viviendas.
El desafío, sin embargo, no es únicamente técnico. Requiere superar la fragmentación institucional y promover un diálogo real entre arquitectos, ingenieros, biólogos y planificadores. La restauración ecológica urbana demanda enfoques interdisciplinarios y una visión integrada del territorio, algo que nuestras ciudades aún están aprendiendo a construir.
El río que atraviesa una ciudad no es un problema hidráulico por resolver, sino una oportunidad de proyecto. Recuperarlo significa reducir riesgos, mejorar la calidad de vida y reconstruir un vínculo cultural con el paisaje. La arquitectura del futuro será azul y verde, capaz de alojar vida y de protegernos, o quedará atrapada en modelos que ya no responden a la realidad climática.
Restablecer la relación entre ciudades, ríos y arroyos es uno de los desafíos más urgentes —y más estimulantes— de nuestra disciplina. Cuando el agua vuelve a respirar, la ciudad también lo hace, y en ese gesto se abre un horizonte de diseño que redefine lo que entendemos por habitad.
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Dr. Marcos Mollerach
+ INFO SOBRE EL AUTOR
Marcos Mollerach. Dr. en Ciencias Biológicas. Subsecretario de Bienestar Universitario de la UNT. Investigador el PIDBA, Instituto de Incestigaciones de Biodiversidad Argentina. Docente en la cátedra de Diversidad Animal III-Vertebrados. Facultad de Ciencias Naturales e IML.
