Entrevista a Ludvin Hasbun, CEO de la empresa Sunexus Group Miami.
Por Arq. Jorge Puglisi
MIAMI, FEBRERO DE 2026.
Nos encontramos en la ciudad de Miami, Florida, en esta oportunidad entrevistamos al CEO de la empresa Sunexus Group. Dr. Ludvin Hasbun
Sabemos del boom inmobiliario que está atravesando la ciudad de Miami con récord histórico en crecimiento de obras privadas y públicas. ¿Cómo podemos invertir en Real Estate en la ciudad de Miami, teniendo en cuenta los costos del metro cuadrado en esta ciudad?
– Hay varias maneras de invertir, dependiendo de la capacidad financiera del inversor, nosotros creamos un modelo de inversión basado en la Arquitectura pensada para renta, no para venta.
Interesante, ¿podría ampliarnos acerca de esta posibilidad de inversión? ¿Cómo cambia el proyecto cuando el activo se diseña para operar y no para exhibir?
– Durante décadas, buena parte del desarrollo residencial ha estado guiado por una lógica de venta. El proyecto se concibe como un producto que debe seducir rápido: destacar en una sala de ventas, justificar un precio, cerrar una transacción. Incluso cuando el destino final es la renta, muchos edificios siguen naciendo con esa mentalidad inicial, heredando decisiones pensadas para el impacto inmediato y no para el desempeño sostenido.
¿Qué enfoque proponen al inversor con un producto pensado para la renta?
– Diseñar para vender y diseñar para operar son ejercicios profundamente distintos. Cambian las prioridades, los criterios de decisión y, sobre todo, la forma en que se mide el éxito. Cuando el edificio deja de ser un objeto transaccional y pasa a ser un activo en operación, el foco se desplaza inevitablemente hacia el largo plazo: mantenimiento, desgaste, repetición, eficiencia y control.
Pensar en renta obliga a mirar el proyecto desde un punto incómodo pero necesario: el día 5,000. No el día de la entrega ni el de la inauguración, sino ese momento en que el edificio ya fue usado, reparado, habitado y vuelto a ocupar decenas o cientos de veces. Es ahí donde muchas decisiones que parecían acertadas revelan sus costos ocultos.
Un activo de renta no se termina cuando se entrega. En realidad, apenas comienza. A diferencia de un producto que se vende una sola vez, un edificio en renta entra en un ciclo constante de ocupación, desocupación, limpieza y reparación. Esa repetición convierte pequeños errores de diseño en problemas estructurales, y las buenas decisiones en ventajas acumulativas.
Uno de los primeros cambios de enfoque aparece en la manera de entender los espacios. En proyectos pensados para la venta, la espectacularidad suele imponerse a la claridad. En renta ocurre lo contrario. Las circulaciones simples, las plantas lógicas y los espacios fáciles de entender y mantener suelen funcionar mejor que soluciones complejas que lucen bien en un render, pero generan fricción en la operación diaria.
La selección de materiales también cambia de sentido. Ya no se evalúan solo por su apariencia inicial, sino por su comportamiento en el tiempo: cómo envejecen, cómo se reparan, con qué frecuencia requieren intervención y cuánto cuesta mantenerlos en condiciones aceptables. En renta, un material que resiste bien el uso suele ser más valioso que uno visualmente impactante pero frágil.
Lo mismo ocurre con los detalles constructivos. En un edificio pensado para la venta, ciertos gestos pueden justificarse como elementos diferenciales. En un activo de renta, cada decisión se replica decenas o cientos de veces. Un sistema complicado, una solución poco estándar o un detalle difícil de mantener no afecta a una unidad, afecta a toda la operación.
El diseño de las unidades también se transforma bajo esta lógica. La facilidad de mantenimiento, la rapidez en la rotación y la claridad funcional se vuelven prioritarias. Espacios excesivamente personalizados o soluciones demasiado específicas suelen jugar en contra cuando el objetivo es operar de forma consistente. En este contexto, la flexibilidad y la estandarización bien entendida no limitan la creatividad: la ordenan.
Entonces los edificios pensados para la renta deben tener la simpleza en su diseño y una buena elección de materialidad con un sentido de bajo costo de mantenimiento. ¿Cómo se piensa un diseño para este tipo de uso?
– Un error frecuente es trasladar sin ajuste modelos propios de la hotelería o de la renta de corta estadía a proyectos de renta tradicional. La “hotelización” del multifamiliar puede ser atractiva en términos de imagen, pero suele arrastrar una carga operativa que no siempre está respaldada por la estructura necesaria para sostenerla. Amenidades complejas, espacios comunes sobredimensionados o servicios intensivos pueden convertirse rápidamente en fuentes de costo y fricción si no están alineados con el modelo real de operación.
Diseñar para renta también implica pensar en quienes operan el edificio. Muchas decisiones se toman considerando únicamente al usuario final, pero se olvida a quienes limpian, mantienen, reparan y gestionan el activo día a día. Cuando el proyecto incorpora desde el inicio una mirada operativa, aparecen soluciones más simples, recorridos más lógicos y sistemas más accesibles, que reducen errores y mejoran la eficiencia.
En este punto, el rol del desarrollador cambia. Ya no alcanza con concebir y entregar el proyecto; es necesario entender cómo se comporta en uso real. El desarrollador que también opera —o que se involucra activamente en la operación— adquiere una perspectiva distinta. Aprende qué decisiones funcionaron, cuáles no y por qué. Esa retroalimentación es difícil de obtener cuando el vínculo con el edificio se corta el día de la entrega.
La experiencia operativa introduce una dosis de humildad en el proceso de diseño. Obliga a aceptar que no todo lo que luce bien funciona bien, y que muchas veces la arquitectura más efectiva es la que pasa desapercibida: la que no genera problemas, la que se deja operar sin resistencia, la que envejece con dignidad.
A pesar que se trata de una arquitectura más de uso y bajo mantenimiento los diseños cambian entre una obra y otra?
– Escalar proyectos de renta refuerza aún más esta lógica. Cuando se repite un modelo, los aciertos se multiplican, pero también los errores. La repetición no es sinónimo de banalidad; es una herramienta de aprendizaje. Permite ajustar, corregir y perfeccionar decisiones con base en el desempeño real del activo. En ese sentido, la estandarización no busca uniformidad estética, sino consistencia operativa.
Pensar la arquitectura desde la renta también obliga a revisar la noción de valor. El valor ya no está solo en el impacto inicial, sino en la capacidad del edificio de sostener su desempeño a lo largo del tiempo. Un proyecto exitoso no es el que más impresiona en el primer recorrido, sino el que mantiene su funcionalidad, eficiencia y aceptabilidad después de años de uso continuo.
Este enfoque no se opone a la calidad arquitectónica ni reduce el proyecto a una ecuación funcional. Propone otro tipo de rigor: uno que entiende que la belleza también puede estar en la claridad, la coherencia y la honestidad técnica. Diseñar para renta es, en muchos sentidos, diseñar para el tiempo.
Tal vez uno de los mayores aprendizajes de trabajar con activos de renta sea aceptar que el edificio no es un objeto terminado, sino un sistema en funcionamiento. Un sistema que debe adaptarse, resistir y mantenerse operativo sin depender de gestos excepcionales. En ese marco, la arquitectura deja de ser un evento y se convierte en un proceso.
Diseñar para renta implica, finalmente, asumir una responsabilidad distinta. No se trata solo de entregar un producto, sino de acompañar un ciclo de vida. Y en ese acompañamiento, menos espectacularidad y más criterio suelen ser una buena combinación.
Modelo ya funcionando SUNEXSUS Apartments at Hollywood
Operado Cielo Azul- SG
Ludvin Hasbun
Desarrollador inmobiliario
Sunexus Group · Estados Unidos
Arq. Jorge A Puglisi
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