Susana La Porta Drago y Axel Zemborain fundan LAPIZ Architects en 2023 sobre una base de más de 30 años de trabajo en el estudio de César Pelli, donde alcanzaron las más altas posiciones de la firma y lideraron el diseño de proyectos icónicos alrededor del mundo.
En su propio estudio, Susana y Axel continúan una larga trayectoria de proyectos en los que la creación de una fuerte identidad surge del contexto y se materializa con una arquitectura elegante, sustentable y atemporal.
Susana y Axel se conocieron en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibieron de Arquitectos. Luego, ambos obtuvieron una maestría en Arquitectura y Urbanismo de Cornell University.
Susana es profesora titular en la Escuela de Arquitectura de Yale University, donde enseña un curso de posgrado sobre Práctica y Administración Profesional. Por otra parte, Axel ha dado numerosas conferencias en foros internacionales de arquitectura.
Genealogía y principios heredados
Tras décadas diseñando proyectos complejos de escala internacional, ¿qué es lo más enriquecedor de trabajar a nivel global y cómo es la disciplina de un estudio de tal prestigio?
La experiencia de haber trabajado durante tantos años en proyectos internacionales de gran escala fue sumamente enriquecedora. Cada edificio que diseñamos y construimos nos permitió aprender muchísimo y generar una práctica que se va retroalimentando: entender qué funciona, qué funciona menos, qué puede resolverse de manera más económica y dónde realmente vale la pena concentrar los recursos para lograr el mayor efecto posible.
Una de las mayores enseñanzas es poder ver el edificio terminado y evaluar las decisiones tomadas: reconocer qué valió la pena, qué podría haberse resuelto de otra manera y trasladar ese aprendizaje al siguiente proyecto.
La gran ventaja de trabajar en un estudio como el de César Pelli fue también la posibilidad de hacerlo junto a asesores, clientes y fabricantes de primer nivel. Eso nos enseñó a conducir equipos interdisciplinarios y a entender la arquitectura como el resultado de la colaboración de muchas partes. El arquitecto, en cierta forma, funciona como un director de orquesta: tiene que escuchar e integrar los conocimientos de todos, pero manteniendo una visión común.
Esa disciplina implica trabajar cada decisión desde el concepto hasta su materialización. No alcanza con tener una aspiración formal; hay que lograr que pueda construirse, que responda al presupuesto y que, durante todo ese proceso, conserve la calidad y la intención arquitectónica.
La transición hacia LAPIZ Architects
¿En qué momento surge la necesidad de volcar toda esa experiencia acumulada en una estructura propia y cómo definirían la filosofía de diseño que hoy guía a LAPIZ?
La necesidad de crear nuestro propio Estudio estaba latente, pero fue impulsada definitivamente por la partida de César Pelli. Después de décadas de trabajo compartido, sentimos que había llegado el momento de tomar la posta y volcar toda esa experiencia acumulada en una estructura propia.
La filosofía de LAPIZ parte de interrogar el terreno, el programa, las aspiraciones del cliente y, fundamentalmente, las necesidades de quienes finalmente van a utilizar el edificio. Buscamos entender qué puede aportar el diseño para que un proyecto sea memorable, sustentable y responda tanto al cliente como a su destinatario final.
No entendemos el diseño como la búsqueda de una forma impuesta por voluntad del arquitecto. Por el contrario, tratamos de comprender los problemas, resolverlos y encontrar a partir de ellos una forma que también tenga poesía. Creemos que la arquitectura no consiste solamente en resolver una construcción, un programa, un costo o un plazo; tiene que tener algo más, tiene que conmover.
También entendemos al arquitecto como un director de orquesta, capaz de integrar estructura, sistemas, paisaje, materialidad, sustentabilidad y nuevas tecnologías dentro de una misma visión.
En definitiva, aspiramos a que el valor de la arquitectura trascienda lo puramente formal. Para nosotros, uno de los mayores reconocimientos ocurre cuando una obra deja de pertenecer solamente a quien la diseñó y comienza a ser apropiada y reconocida por la comunidad.
La iluminación de las esculturas
¿Cómo resolvieron la iluminación artificial de las seis esculturas y su adaptación a las distintas condiciones del día?
La necesidad de crear nuestro propio Estudio estaba latente, pero fue impulsada definitivamente por la partida de César Pelli. Después de décadas de trabajo compartido, sentimos que había llegado el momento de tomar la posta y volcar toda esa experiencia acumulada en una estructura propia.
La filosofía de LAPIZ parte de interrogar el terreno, el programa, las aspiraciones del cliente y, fundamentalmente, las necesidades de quienes finalmente van a utilizar el edificio. Buscamos entender qué puede aportar el diseño para que un proyecto sea memorable, sustentable y responda tanto al cliente como a su destinatario final.
No entendemos el diseño como la búsqueda de una forma impuesta por voluntad del arquitecto. Por el contrario, tratamos de comprender los problemas, resolverlos y encontrar a partir de ellos una forma que también tenga poesía. Creemos que la arquitectura no consiste solamente en resolver una construcción, un programa, un costo o un plazo; tiene que tener algo más, tiene que conmover.
También entendemos al arquitecto como un director de orquesta, capaz de integrar estructura, sistemas, paisaje, materialidad, sustentabilidad y nuevas tecnologías dentro de una misma visión.
En definitiva, aspiramos a que el valor de la arquitectura trascienda lo puramente formal. Para nosotros, uno de los mayores reconocimientos ocurre cuando una obra deja de pertenecer solamente a quien la diseñó y comienza a ser apropiada y reconocida por la comunidad.
¿De dónde surge LAPIZ?
Llamar a su estudio «LAPIZ» en plena época de IA y diseño parametrizado es una declaración de intenciones. ¿Qué rol juegan el dibujo a mano y la intuición gráfica en su proceso creativo?
El nombre surge de nuestros apellidos: La Porta Drago y Zemborain. Tomamos el comienzo de La Porta y la “Z” de Zemborain y llegamos a LAPIZ. No queríamos utilizar simplemente unas iniciales, sino encontrar una palabra que tuviera un significado propio y que, al mismo tiempo, representara nuestra manera de trabajar.
Nos gusta mucho la humildad que tiene el lápiz. No hay nada de arrogante en él: todo el mundo puede tener uno y utilizarlo. Para nosotros sigue siendo una herramienta de diseño y de comunicación constante. Cuando uno toma un lápiz no tiene que pensar qué comando debe utilizar para producir algo; puede concentrarse directamente en el concepto. Es una conexión muy directa entre el cerebro y lo creativo.
El dibujo tampoco tiene que ser espectacular. Muchas veces es simplemente la manera más inmediata de transmitir una idea o compartir información con otra persona del equipo.
Eso no significa que rechacemos la tecnología. Utilizamos inteligencia artificial y los programas más avanzados dentro de nuestra práctica, pero los entendemos como herramientas que nos permiten ser más eficientes y alcanzar mejores resultados; no son ellos los que determinan cómo diseñamos.
En ese sentido, llamar LAPIZ al Estudio en una época dominada por herramientas digitales puede parecer un poco anacrónico, pero justamente nos interesaba esa esencia: conservar la intuición, el pensamiento conceptual y esa conexión directa que existe entre una idea y el trazo que comienza a darle forma.
Horizontes y proyectos actuales
Con el Lola Mora consolidado y la identidad de LAPIZ en plena marcha, ¿hacia qué búsquedas formales, tipologías o desafíos proyectuales se encamina el estudio en este momento?
Actualmente estamos trabajando en proyectos residenciales de mediana escala, desarrollos de usos mixtos y algunos planes maestros, tanto en la Argentina como en los Estados Unidos.
Uno de los proyectos principales es un conjunto residencial al sur de Mar del Plata, frente a la playa y con un bosque detrás, que ya comenzó a construirse. A partir del análisis del terreno llegamos a una planta triangular que nos permitió trabajar con volúmenes más compactos, adaptarnos mejor a la topografía, preservar los árboles y, al mismo tiempo, responder de manera eficiente al programa.
Una de las búsquedas principales fue combinar eficiencia y racionalidad con una arquitectura de fuerte identidad. Los grandes balcones permiten generar vistas amplias y, al mismo tiempo, preservar la privacidad entre las unidades. La estructura también forma parte de esa expresión: las columnas, los capiteles, los voladizos y los cerramientos curvos construyen una geometría que puede parecer muy orgánica y compleja, pero que en realidad responde a un sistema sencillo, repetible y racional.
Esa relación entre arquitectura y estructura es algo que nos interesa especialmente, al igual que el trabajo con la luz y el paisaje. En nuestros edificios intentamos aprovechar la luz como un elemento más del diseño y explorar cómo las distintas superficies pueden modularla.
En definitiva, buscamos producir una arquitectura con identidad y carácter, pero que al mismo tiempo sea racional, construible y responsable en el uso de los recursos. Nos interesa que estructura, luz, paisaje y forma no sean decisiones independientes, sino partes de una misma respuesta arquitectónica.





