Rectorado de la UNT - Edición #464- Mayo 2026


FICHA TÉCNICA
- TÍTULO | “Por una diferencia de carga”
- AUTOR OBRA GRÁFICA | Ernesto Klass
- TIPO DE ESCENA | Collage digital
- LUGAR | San Miguel de Tucumán, Tucumán.
- AUTOR DEL ANÁLISIS | Luis Bruna, arq. esp.
- AÑO | 2026
Atraviesas la calle Ayacucho al 400, en San Miguel de Tucumán, y te detienes a contemplar la magnífica fachada del Rectorado de la UNT. Pero una extraña electricidad estática produce una diferencia de carga que desacomoda la realidad: ya no estás frente a la sede del órgano rector de la universidad tucumana, sino ante el antiguo Departamento de Higiene, que funcionó en ese mismo edificio hasta comienzos del siglo XX. Restablecido el orden de las épocas -o quizá alterado para siempre-, ingresás al viejo departamento y aprovechas para hacerte un chequeo general.
“Edificio Central del Rectorado de la UNT: emblema institucional”
Construido originalmente en 1903 para sede del Consejo de Higiene por la Dirección de Obras Públicas e Irrigación, según proyecto del arquitecto belga Alberto Pelsmaekers. Su posterior refuncionalización consolidó una arquitectura concebida desde los cánones académicos como imagen simbólica de la universidad.
Dos elementos organizan su carácter espacial y compositivo: el pórtico de acceso y el patio central. El primero, dispuesto sobre el eje principal, se configura mediante tres vanos y un repertorio neoclásico tardío de columnas y pilares con capiteles jónicos ornamentados con roleos de acanto y guirnaldas. En el arquitrabe se inscribe el lema Pedes in terra ad sidera visus, mientras que el pretil exhibe el nombre de la institución, reforzando su dimensión representativa.
El emplazamiento exento, rodeado de áreas verdes y delimitado por verjas, responde al ideario higienista de comienzos del siglo XX. A la vez, establece una transición simbólica entre espacio público e institucional: el predio adquiere el carácter de témenos y el pórtico funciona como un propíleo abierto que jerarquiza el acceso.
La planta anular, organizada en torno a un patio rectangular, convierte al espacio central -hoy cubierto- en núcleo ceremonial y protocolar. La secuencia axial y simétrica conduce hacia la escultura del fundador, Juan B. Terán, realizada por el artista uruguayo Roberto Fernández Larrinaga. Así, el edificio trasciende su función administrativa para constituirse en una arquitectura de fuerte carga simbólica e institucional.
