¿Qué pasó acá?
Lic. Miguel Palau – Economista – Noviembre 2025
La devaluación que acompañó la asunción del nuevo gobierno a finales de 2023 marcó el inicio de un giro profundo en la política económica argentina. El ajuste fiscal y la contracción monetaria que siguieron generaron una desaceleración fuerte de la actividad, que durante los primeros meses de 2024 no encontraba piso. Recién en abril se empezó a esbozar una recuperación, débil y fragmentada, muy lejos de la potencia que los mercados y los analistas habían proyectado.
Algunos sectores —como la intermediación financiera, la minería, la agricultura y la energía— mostraron un desempeño que se desacopló del resto de las actividades. Pero la mirada estaba puesta en otro lado: en la construcción, ese clásico amplificador de los ciclos económicos. Había expectativa de que, con el rebote, el ladrillo iba a acompañar.
Las proyecciones de crecimiento para 2025 llegaron a ubicarse entre el 5% y el 6%, y el relanzamiento del crédito hipotecario parecía dar el marco perfecto para un repunte. Pero no fue así. La construcción terminó siendo la gran decepción del nuevo ciclo.
El gráfico comparado del EMAE (Estimador mensual de Actividad Económica) y el ISAC (Indicador sintético de la Actividad de la Construccion) lo resume en una imagen. Mientras el EMAE muestra un comportamiento más suave —una línea que rebota a comienzos de 2024 y luego se aplana, sin crecer desde febrero de 2025—, el ISAC expone una caída abrupta y una recuperación que nunca logra sostenerse.
El contraste es claro: la economía general, con altibajos, mantuvo cierta estabilidad; pero la construcción no acompañó el rebote. Los motivos son conocidos: tasas reales elevadas, costos de insumos en alza, dólar apreciado, y obra pública paralizada.
A eso se suma un factor estructural: el m² de reposición hoy es más caro que el m² de compra, lo que desalienta proyectos nuevos incluso con crédito disponible.
ELECCIONES, TASAS Y VOLATILIDAD: UN COMBO LETAL
En medio de este escenario llegó el proceso electoral de medio término, hace apenas dos semanas. El clima político reintrodujo volatilidad en un momento donde la economía buscaba aire. Las tasas se dispararon, las proyecciones de crecimiento se recortaron y la obra pública siguió completamente frenada. Ese combo es letal para un sector que vive del apalancamiento y la previsibilidad: sin financiamiento barato ni demanda pública, la construcción se quedó sin motor.
¿TUCUMÁN?
Si medimos al nivel de actividad de la construcción con los m2 autorizados, a nivel país la inferencia es la misma. Los proyectos autorizados y los m2 a construir vienen mostrando niveles inferiores incluso a 2022. En este panorama homogéneo de desaceleración, un dato provincial sobresale.
El gráfico de m² autorizados acumulados a 12 meses muestra que, mientras Salta, Jujuy, Catamarca y Santiago del Estero siguen amesetadas o con caídas leves, Tucumán registra en agosto un salto abrupto, un cambio de pendiente claro que la desengancha del resto del NOA.
Hasta julio, la provincia replicaba el patrón nacional de retracción. Pero el dato de agosto rompe la serie. No es ruido: es un movimiento visible y estadísticamente relevante.
La pregunta es inevitable: ¿qué pasó acá? Es una cuestión netamente administrativa de acumulación de trámites que salieron de repente o se acelero la presentación de proyectos. No deja de sorprender la magnitud de mas de 3 veces los metros cuadrados autorizados en promedio en los últimos 6 meses. Fuerte dato.
Por ahora, no hay que explicarlo, sino seguirlo. Si en los próximos meses los despachos de cemento, el empleo UOCRA y los inicios de obra efectiva acompañan este movimiento, podremos hablar de un inicio de ciclo provincial distinto. Si no, será apenas un pico estadístico.
¿Y ME METO UN CRÉDITO?
Siempre aparece la pregunta. Tucumán presenta muy baja “affordability” —capacidad real de tomar créditos dado el nivel de ingreso— para acceder a créditos hipotecarios. Las tasas, aunque en descenso, siguen altas. Pero en la decisión de tomar un crédito para vivienda no todo es financiero: en Argentina, y especialmente en el norte, la casa propia es una aspiración cultural, más allá de la rentabilidad. No todo es cuantitativo, lo cualitativo es subjetivo, por lo que la respuesta a esta pregunta nunca es general.
Dicho eso, hay un dato objetivo: el valor del metro cuadrado inmobiliario medido contra activos financieros está en mínimos históricos. En términos relativos, el ladrillo está barato. Para quienes buscan proteger valor en el largo plazo, la oportunidad empieza a insinuarse, claramente en perfiles extremadamente conservadores o personas sesgadas por el “casa propia”.
Por ahora, los datos muestran que la economía general esta a la espera de delivery de introducción de políticas estructurales, que la construcción nacional sigue siendo el gran perdedor del nuevo modelo, y que Tucumán en principio acaba de romper la regla. La respuesta todavía no está. Pero la pregunta ya se impuso: ¿Qué pasó acá?.


